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lunes, 15 de mayo de 2017

Arte y música capitulo 09

-9-

Maki se dejó caer sobre el sofá de la oficina de su padre, su turno había acabado ya pero el Dr. Nishikino le pidió que esperase a que terminara su junta con el resto de los directivos del hospital. Su padre además de ser el jefe de todos, era el dueño, y aún así no podía suspender la reunión para ir con su esposa e hija a su comida familiar de la semana. La pelirroja sintió su estómago gruñir y se preguntó que estaría preparando Nico en ese momento. Soltó un pesado suspiro y pasó su mirada por la oficina de su padre. En uno de los libreros del lugar, vio varios marcos con fotos, en todas aparecía ella, en dos con sus padres –una cuando era pequeña y la otra al recibir su certificado de la universidad– se puso de pie y tomó una donde salía en su primer competencia de piano. La maestra de música que tuvo en ese entonces, le dijo desde el inicio de sus lecciones que tenía mucho potencial y que estaba algo decepcionada de que eso se desperdiciara, ya que no tendría una carrera musical. Maki era la más decepcionada al respecto, pero es algo que sabía desde pequeña, pues ella se convertiría en doctora. Antes de aprender a tocar el piano Maki estuvo de acuerdo con eso, sobre todo porque admiraba el trabajo de sus padres, pero una vez que logró completar su primera sonata en un piano, comenzó a odiar la idea de no poder ser libre de elegir lo que quería. La puerta se abrió y al ver a su madre entrar dejó la foto en su lugar.
–¿Ya vamos a comer? –preguntó la pelirroja acercándose a la mujer de la cual heredó todos sus rasgos físicos.
–Sí, pero solo seremos nosotras. –respondió su madre dedicándole una sonrisa nerviosa.
–¿Pasa algo con papá?
–La junta va para largo, me dijo que mejor fuéramos sin él, porque no tiene hora de salida.
–Oh… –Maki bajó la mirada, era algo preocupante esa información ya que sabía que gran parte de lo que hablarían en dicha junta, tenía que ver con cierta pintura que ahora se encontraba resguardada por la policía, como evidencia de un posible delito. –¿Deberíamos ir sin él? –preguntó– ¿O lo posponemos para otro día?
–Ummm… –la señora Nishikino lo meditó unos segundos– ¿No es posible hacer las dos cosas? Sería un buen momento de esos madre e hija.
Maki sonrió, asintió con la cabeza y caminó fuera de la oficina siguiendo a su madre.

La pelirroja cerró de un portazo su auto y se encaminó a la entrada del edificio donde vivía, estaba de malhumor. La agradable conversación que había tenido con su madre se fue al demonio cuando ella mencionó la palabra "pretendiente". Ni siquiera comenzaba su especialidad y ahora resulta que sus padres ya tenían una lista con nombres de posibles candidatos para esposo de su hija. ¡¿En qué siglo se supone que estaban?! Gruñó al recordar que eso no importaba, en su país aún era algo común, que se hacía sobre todo en familias acomodadas como la de ella. Se detuvo para verificar si no tenía correspondencia en su buzón, cuando de pronto fue embestida y casi derribada por alguien.
–¡Maki-nyan! –dijo animadamente la chica que la estrujaba.
–¡Rin-chan! –habló una segunda persona, a la que ella reconoció como su amiga Hanayo.
–Deja a Maki-chan, debe estar cansada luego del trabajo.
–Solo la estoy saludando.
–Y d-dejando sin aire... –agregó la doctora haciendo lo posible por respirar.
–Lo siento. –se disculpó la pelinaranja mientras la soltaba– Es que ha pasado mucho desde la última vez que te vimos –aquello era verdad. Sus amigas Rin y Hanayo fueron quienes le recomendaron aquel lugar, vivían juntas en un departamento del primer piso. El primer y segundo piso de aquel lugar tenía departamentos más amplios, con dos habitaciones cada uno, mientras que en los 3 pisos restantes eran como el suyo.
–Supongo que todas hemos estado ocupadas. –justificó Maki.
–Pues sí pero, no creo que eso sea excusa. –comentó Hanayo mientras se acomodaba las gafas– Vives solo unos cuantos pisos arriba...
–Bueno, aunque prácticamente solo llego a dormir ahí. –dijo en seguida la pelirroja en un intento porque su amiga se sintiera mejor.
–Y a comer supongo. –agregó alegre Rin.
Maki se sonrojó al recordar que los últimos días estuvo comiendo o cenando con Nico. La artista había acordado con la pelirroja darle de comer a cambio de que tocara para ella de vez en cuando, la doctora aceptó teniendo muy en cuenta que a veces simplemente no tenía tiempo de cocinar y terminaba mal pasándose. Sabía que a la larga eso le traería consecuencias en el hospital, asi que vio aquel ofrecimiento como una oportunidad… en más de un sentido.
–¿Cómo va todo en el trabajo? –preguntó rápidamente intentado cambiar el tema.
–¡Oh, muy bien! –respondió en seguida Rin, ella acababa de entrar a un instituto como maestra de educación física– Mis alumnos son bastante buenos. –la joven de cabello corto había sido deportista, yendo a varias competencias de carreras de obstáculos y siempre logrando subirse al podio, pero su carrera terminó un año atrás a causa de un accidente que sufrió al colisionar con otra corredora, Rin llevándose la peor parte. A pesar de ello, el doctor le dijo en ese entonces que en cuanto su lesión sanara podría volver a correr. Sin embargo, la pelinaranja que ya tenía un tiempo con la idea de ser educadora, decidió que al sanar no volvería a competir, y así dio por terminada aquella etapa de su vida para comenzar una nueva, incluso comenzó a vivir con Hanayo.
–Es bueno saberlo, solo espero que no intentes asesinarlos como a mí... –comentó Maki recordando el abrazo que recibió de la alegre chica minutos antes.
–Claro que no.
–¿Y tú Hanayo?
–Bien, esta semana la tenemos libre Tsubasa-san y yo.
–Ser manager deja a Kayo-chin muy poco tiempo. –se quejó Rin.
–Eso es por la gran popularidad que tiene Tsubasa.
Maki vio a sus amigas hablando entre ellas mientras su cerebro procesaba la información. Sabía que su amiga era manager de una cantante bastante conocida, pero nunca le había preguntado su nombre– ¿Tsubasa... Kira? –preguntó al fin, recordando el nombre que Nozomi dijo el día anterior.
–¡Sí! –exclamó con orgullo Hanayo– ¿No te lo dije antes?
Maki negó con la cabeza mientras recordaba que Tsubasa Kira era la ex –según la astrónoma– de Nico-chan, aquel pensamiento la irrito más de lo que ya estaba, por lo que decidió despedirse de sus amigas y subir a su piso.
Al llegar vio a su –querida– vecina hablando con un chico pelinegro al cual identifico como uno de "los Nico", intentó recordar los nombres que la artista mencionó por Facebook y concluyó que debía ser Kotaro. Al llegar a la puerta de su departamento atrajo la atención de los hermanos. La pelinegra en ese momento le daba una espátula rota a su hermano y entonces Maki recordó la manera en la que Nico se lastimó la mano tiempo atrás, por lo que caminó rápidamente hacia ellos, y para sorpresa de los hermanos Yazawa, la pelirroja tomó a la artista por los hombros para examinarla detenidamente.
–¿M-Maki-chan? –la llamó Nico. Estaba confundida por el comportamiento de la doctora, y algo nerviosa por la sonrisa burlona que se formó en el rostro de su hermano al ver tal escena, al parecer no le hizo nada bien que le presentara a Nozomi...
–L-lo siento. –dijo la pelirroja soltándola al darse cuenta de lo que había hecho– Es que eres algo torpe. –comentó apresuradamente– y creí que habías roto la espátula igual que la última vez.
Nico frunció el ceño– No soy torpe.
Kotaro se rió distrayendo a la posible pareja y solo le mostró la espátula rota a su hermana– ¿Una? –fue todo lo que el chico dijo intentando contener su risa. Estaba recordando lo que Nozomi le contó en la última exhibición, antes de fugarse con cierta rubia. Él y sus hermanas apostaron –solo basándose en lo que la amiga de su hermana mayor les dijo– a ver cuánto tiempo tardaría en suceder algo entre ambas. Desde aquel día la astrónoma les contaba los detalles de la situación y parecía ser que Kotaro iba ganando.
–Mejor trae dos... –dijo Nico extendiéndole una tarjeta bancaria.
–Ok. –dijo el joven antes de retirarse.
–¿Cómo se rompió? –preguntó Maki.
La artista suspiró e hizo un gesto invitandole a pasar a su departamento. Al entrar, Maki se topó con el cuerpo del delito. Lo que parecía ser el más reciente trabajo de su vecina, se encontraba en el suelo entre hojas de periódico brutalmente asesinado, e incluso el caballete había resultado herido. La pelirroja pasó sus dejos por la laceración que tenía la madera y luego volteó a mirar a Nico. Esta comentó que quizás estaba un poco frustrada por que no lograba expresar lo que quería.
–¿Un poco? –preguntó la doctora– ¿Es referente a los poemas?
La artista tomó su laptop y se la mostró a Maki, en la pantalla se veía un archivo abierto el cual tenía aquellos molestos versos escritos en él, entonces se dio cuenta del problema. En una ocasión la bajita le contó que tenía problemas para expresar el sentimiento de amor en su arte, ya que era algo que no creía haber sentido antes. Aquello le parecía bien para una canción, por lo que le pidió a la artista que le enviara ese archivo y esta accedió de inmediato. Le dijo que le haría algunas modificaciones y encontraría la manera para que fuera capaz de pintar acerca de él, y sin esperar a que la pelinegra dijese palabra alguna, se dio la vuelta y salió del lugar.

Kotori le dio un sorbo al té que Nico le ofreció, mientras observaba desde uno de los banquitos de la barra que su amiga usaba de comedor. Vio como la artista sonreía, luego dejó su lápiz pastel graso con el resto y se puso de pie para estirarse. Había terminado la pintura que tenía empezada cuando la diseñadora llegó, ésta se levantó y caminó hacia la pelinegra para poder apreciar mejor el cuadro. Luego de examinarlo con detenimiento y concluir que era "hermoso", pasó su mirada por el resto de los cuadros que Nico tenía acomodados en una esquina del departamento, su amiga estaba avanzando más rápido de lo acostumbrado. Pensó en las dos exhibiciones seguidas que tuvo recientemente, con tan poco espacio de tiempo entre una y otra, le sorprendía bastante que a esas alturas aún tuviese inspiración para seguir produciendo obras. Lo normal en Nico era tener solo dos o tres exhibiciones al año, ya que luego sufría de largos periodos de bloqueo en los que de verdad se volvía una hikikomori y no había quien pudiese sacarla de ese estado, hasta que la inspiración simplemente volvía a ella. Por lo mismo Kotori al inicio dudó en hablarle a su amiga de la propuesta de Umi.
–Estás demasiado tranquila Nico-chan. –comentó la castaña.
–¿Con respecto a qué? –preguntó la artista mientras caminaba hacia el refrigerador.
–A la fiesta, antes te ponías histérica cuando Nozomi las proponía y eso que solo éramos nosotras tres, así que me sorprende que ahora siendo más personas estés tan tranquila, pintando como si nada.
La pelinegra tomó un vaso de cristal y se sirvió leche de fresa –Luego de tantos años siendo amigas de Nozomi, tú bien deberías saber que no tiene caso llevarle la contraria. –guardó de nuevo el cartón con leche y cerró la puerta de la nevera– Al final ella siempre hace lo que quiere.
Kotori estaba de acuerdo con Nico en eso, pero presentía que no era la razón por la cual su amiga se encontraba tan calmada, así que decidió tantear un poco más el terreno, muy al estilo de la pelimorada.
–¿Es por Kira-san?
–¿Ah? –el semblante de la artista mostraba confusión– ¿Qué tiene que ver Tsubasa en esto?
Nico se había referido a la artista por su nombre, aquello le pareció bastante interesante a la castaña, pues aunque sabía que ambas se conocían –incluso muchos años antes de conocerla a ella–, no tenía idea del grado de confianza que pudiese existir entre ese par, y ahora sentía curiosidad y una fuerte necesidad de hacerle una llamada a la astrónoma.
–Creí que por eso estabas tranquila, porque ella vendrá.
–No… yo… –miró el reloj calculando cuánto tardaría Maki en llegar a casa, quería verla…
–¿Qué ocurre Nico-chan? –preguntó Kotori ahora algo preocupada.
La artista suspiró mientras le daba vueltas al vaso entre sus manos– No he visto a Maki-chan últimamente… –confesó mientras levantaba la mirada, y aunque la expresión de Kotori era normal, pudo ver cierto brillo de diversión en sus ojos, que le hizo recordar cuando Eli no tardó ni cinco segundos en echarla de cabeza con Nozomi el día que dejó dormir a su pelirroja vecina en su departamento– ¡No! ¡Definitivamente no! –exclamó Nico provocando que la diseñadora diera un respingo– ¡No puedes decirle a Nozomi que extraño a Maki-chan!
–¿La extrañas? –preguntó la castaña con cierta emoción que por supuesto no pasó desapercibida por Nico, haciéndole ver la mala elección de sus palabras.
La artista se llevó las manos al rostro, impidiéndole a Kotori disfrutar completamente de la imagen avergonzada de su amiga, seguro Nozomi la envidiaría por eso…

Para la noche de ese viernes, Nico llevaba ya dos cuadros, pero continuaba preocupada por Maki, no se había asomado por el departamento de la bajita desde el día en que se ofreció a ayudarla. Y realmente ella tampoco había hecho el intento de ir a verla, pero el motivo era que tenía mucho trabajo por hacer, aunque ya tenía un buen avance, las pinturas de aquellos poemas le estaban tomando más tiempo de lo usual, pues solía ser más rápida al pintar lo que a ella se le ocurría o cuando su vecina tocaba. Sus pensamientos se fueron otra vez con la pelirroja y se reprendió a sí misma, necesitaba concentrarse en lo que debía que hacer. ¡Pero es que ni siquiera ha venido a comer o cenar! Gritó en su mente. Solo se estresaba pensando en lo mismo, suspiró y vio el lienzo frente a ella, su obra estaba al 48% y no creía ser capaz de avanzar mucho si no veía pronto a Maki. Sus mejillas se pusieron rojas recordando lo sucedido unas horas atrás; le había expresado sin pensar aquello a Kotori, si bien su amiga no se burló de ella como hubiese hecho Nozomi, al notar ese brillo de diversión en sus ojos, tuvo que amenazarla con dejar botado el trabajo de su querida Umi-chan, y así esta prometió no comentarle nada a la astróma.
Nico le creía, confiaba en ella, sabía que el amor que sentía por su querida escritora era más fuerte a las ganas de hacerle bullying junto a Nozomi. O al menos eso es lo que esperaba...
El timbre de su casa sonó y vio la hora en el reloj, faltaba poco para que el Sol terminara de ocultarse, así que no tenía idea de quién pudiese estar visitándola en ese momento. Al abrir la puerta se topó con la doctora, esta le sonreía, se veía bastante feliz.
–Maki-chan. –volteó a ver su nevera y recordó lo que había en ella– ¿Quieres cenar?
La pelirroja no contestó, solo hizo a un lado a Nico entrando en su departamento, tomó la libreta de bocetos de la bajita y su estuche de colores, entonces se acercó a ella, agarró su mano y dijo –Quiero que vengas conmigo.
La pelinegra sintió el calor apoderándose de su rostro y se dejó arrastrar por su vecina al departamento de esta. Tomó asiento como Maki se lo pidió mientras ella ocupaba su lugar frente al piano.
–Como quería que fuese una sorpresa, la compuse en mi computadora. –La doctora en su habitación tenía una pc y todo lo necesario para componer, contaba con un teclado musical y un buen par de audífonos para no molestar a sus vecinos– Espero que me salga bien a la primera porque no he practicado mucho. –colocó las partituras frente a ella.
Acto seguido comenzó a tocar, la sonata no tardó mucho en verse acompañada por la voz de la pelirroja. Nico abrió rápidamente su libreta y tomó el primer color que le vino a la mente, aquello era perfecto, la manera más rápida en la que Nico podía trabajar era con el piano de Maki. Definitivamente resultaba muy diferente a cuando lo hacía por sí sola. Escuchar a su vecina le daba una visión mucho más clara de lo que quería. La artista cambiaba y garabateaba con diferentes colores conforme la sonata avanzaba, sabía que no debía molestar a Maki siempre y ya suficiente tiempo le había quitado componiendo esa canción. Así que haría lo posible por captar lo más que pudiese la imagen que en ese momento tenía en su cabeza, con los materiales que había a la mano.
Una vez que la doctora terminó de tocar, notó que Nico seguía ocupada dibujando, por lo que repitió la melodía, pero esta vez no cantó, la pelinegra estaba tan concentrada que dudaba que captara algo más que no fuese la sonata. Al finalizar, la artista se puso de pie para presumirle su creación a Maki, esta la aprobó intentando no alimentar mucho el ego de Nico, ya que era consciente de lo insoportable que se volvía.
–¿Ahora sí quieres algo de comer? –preguntó la artista luego de fanfarronear un poco.
La pelirroja dejó escapar un bostezo y miró el reloj, le pareció que aún era buena hora, pero se sentía bastante cansada y sin apetito– No, creo que mejor iré a la cama, debo recargar energía. Mañana tengo que trabajar temprano y por la noche es... tu fiesta.
–¿Mi fiesta? –preguntó Nico mientras caminaba hacia la puerta. Ella no lo consideraba de esa manera, prácticamente la habían obligado a dar su casa para la reunión. –En realidad es fiesta de Nozomi.
–Pues será en tu casa.
–En contra de mi voluntad... –le recordó a su vecina. Abrió la puerta y ambas salieron al pasillo.
–Bueno… eso es verdad, pero al final serás la anfitriona y eso lo vuelve tu fiesta.
Nico pensaba contestar algo, sin embargo, un escalofrió le recorrió la columna vertebral y como reacción se giró en dirección al edificio que estaba frente al de ellas. No se veía nada fuera de lo normal pero, por un momento sintió como si alguien la estuviese observando.
–¿Pasa algo? –preguntó la doctora.
–No, solo… –hizo una pausa no sabiendo que contestar– Creo que también debería irme a descansar.
–Muy bien. –comentó Maki mientras volvía a su departamento y antes de entrar se despidió– Entonces, nos vemos mañana.

Nico asintió con la cabeza y vio a la pelirroja cerrar la puerta, entonces volvió su atención al frente, observando con detenimiento el otro edificio. Al no ver nada raro regresó a su hogar, aún con el presentimiento de que algo no andaba bien…

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