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jueves, 22 de junio de 2017

Horror Cinema capitulo 07

7

“¿Cuántas probabilidades hay de que algo así pase?” Se preguntó Ezra viendo a la pareja que estaba frente a ella y Dominique mientras estaban saliendo de su cita con el ginecólogo.
Aquel día le había tocado revisión a la madre de su hijo, y ella la acompaño tal y como acordaron desde que la rubia acepto el trato. Según el doctor todo estaba bien y en orden. Al atravesar el umbral de la puerta de salida, Dominique se había tropezado aferrándose al brazo de Ezra para no caerse. Aquello había puesto un poco tensa a la joven pues no fue intencional aquel contacto y ahora estaba nerviosa de lo que pudiera pensar la directora. La castaña le sonrió para que se relajara y no se preocupara no se sentía incomoda. Entonces fue que escucho que la llamaban por su nombre y se giró –aun con Dominique sujetando su brazo– topándose con el par de personas que menos le agradaban en ese momento de su vida.
–Laurie. –dijo Tatum– Hola. –Nancy se limitó a hacer un gesto con la mano libre a modo de saludo, la otra la tenía entrelazada con su pareja.
–Hola. –respondió el saludo sin ganas y sin poder disimular su fastidio, tanto en sus gestos como en su tono de voz. Dominique la observo unos segundos antes de ponerle atención al par.
Nancy sonrió amablemente y se acercó más a ellas jalando a Tatum con ella– Nancy. –dijo extendiendo su mano hacia la rubia quien reacciono al momento, soltando a Ezra y estrechando su mano con la de la pelinaranja frente a ella.
–Dominique. –respondió la maquillista. Aquella pareja le parecía bastante familiar, pero no lograba relacionar de dónde.
Nancy había hecho aquel movimiento porque estaba segura de que su exnovia no la presentaría, y tenía curiosidad por saber quién era la chica que estaba con ella. Tatum procedió a presentarse también.
–Escuche que tu cortometraje fue de lo mejor del festival. –comentó la pelinegra intentado establecer un dialogo.
–Sí, tuvo muy buena aceptación. –respondió Ezra– Esperaba verte ahí, participando.
Tatum suspiró– La verdad es que quería, pero mi nuevo proyecto absorbe demasiado de mi tiempo.
–¿Entonces qué es lo que haces paseando como si nada con tu novia? –cuestionó la castaña un tanto molesta, no había sido su intención pero de esa manera le habían salido sus palabras.
–A diferencia de otras personas –comento Tatum en el mismo tono que había usado ella– yo no descuido mi vida personal y a mi pareja.
Nancy bajo la cabeza y le lanzo una mirada de advertencia a su novia, que fue totalmente ignorada. El ambiente comenzó a ponerse tenso, por lo que Dominique volvió a tomar el brazo de Ezra para llamar su atención, pero la directora seguía con la mirada fija en Tatum.
–L-Laurie… –la maquillista pronuncio el segundo nombre de la directora atrayendo inmediatamente su atención, su expresión se había suavizado bastante. Durante los días que pasaron juntas con su equipo de trabajo, se dio cuenta que salvo por Jessica las personas con las que era más cercana le hablaban por su segundo nombre– Quisiera ir a comer.
–Deberías hacerle caso a tu novia, Laurie. –le recomendó Nancy para que no siguiera discutiendo con Tatum.
–No soy su novia. –aclaró Dominique y agregó– Soy la madre de su hijo.
Aquello provocó que la pareja se quedará literalmente con la boca abierta, Ezra le sonrió a la maquillista habiendo entendido sus intenciones, se despidió del par –que aún no salían de su asombro– y se alejaron del lugar.

El mesero termino de anotar la orden y dejó a Ezra y Dominique solas, estaban en un restaurant familiar. Aunque la directora podía pagar algún lugar más costoso, prefería no hacerlo, ese tipo de lugares le hacían sentirse incomoda. Observo a Dominique que examinaba el lugar con la mirada, se veía relajada y tranquila, la castaña se alegró por eso, al parecer había hecho una buena elección con el lugar.
–¿Así que Laurie? –le preguntó a la maquillista.
–Hice lo que tenía que hacer para sobrevivir. –respondió dándole un poco de dramatismo al asunto.
Ezra rió– ¿Sobrevivir? Creo que exageras un poco.
–¿Tú crees? –cuestionó la rubia. El joven que atendía su mesa apareció con una bandeja donde transportaba sus bebidas, las dejó en la mesa y se retiró. Dominique tomo un poco de su limonada. –Parecía que en cualquier momento iba a pasar a las agresiones físicas y no tenía ganas de recibir el daño colateral.
–Eso no iba a pasar, somos adultas maduras.
–Correcto… –se quedaron en un incómodo silencio por varios segundos, hubiera sido más tiempo de no ser porque la maquillista recordó un detalle– ¿No son amigas verdad? –la castaña negó con la cabeza– ¿Por qué te dice Laurie? –al notar la cara de confusión de su acompañante continuo– He notado que no todos te dicen así…
–Éramos amigas. –respondió rápidamente– Los primeros años de universidad buscábamos trabajar juntas siempre que se podía en las clases que compartimos.
–¿Y por qué ya no lo son?
–Diferencias creativas y de opinión. En algún momento nuestra interacción amistosa se volvió rivalidad… Aunque en el último año todo se ha tornado algo agresivo. –Ezra suspiro, sus ojos se posaron en los de Dominique y le sonrió– “Primero vienen las sonrisas, luego las mentiras y finalmente las balas”.
La rubia le sonrió de regreso– La torre oscura V Lobos del Calla.
–Es agradable que entiendas a lo que me refiero.

Ezra releyó incrédula uno de los artículos de la sección policial del periódico que Jessica le acaba de llevar a su casa. Hablaba sobre cierto asesino serial que cazaba a sus víctimas en la carretera. Ya habían pasado dos meses desde que los reportes de personas desaparecidas habían comenzado a elevarse en la zona de manera poco normal. Lo que todas las víctimas tenían en común era que la última vez que se supo de ellas era que salieron de la ciudad tomando cierta ruta que la directora había recorrido para ir a ver la casona donde rodo su último trabajo. Según lo que venía en el periódico un chico que iba transitando por un camino de arena en la madrugada. Notó una motocicleta escondida entre unos arbustos, estaciono su auto y se acercó a verificarlo. Cuando estuvo cerca se percató de que en el suelo y la moto había salpicaduras de lo que parecía ser sangre, enseguida llamó a las autoridades y más tarde se encontró una fosa común a un par de kilómetros del camino.
–¿Tú crees que..? –pregunto Ezra mirando a su amiga.
–No tengo idea, lo que sé es que era el atajo que aquel sujeto te recomendó y que por tu frikismo no quisiste tomar.
La directora soltó una carcajada– Fue mi instinto de supervivencia. –le devolvió el periódico a Jess– Como te darás cuenta son cosas que no solo pasan en las películas de terror.
–Yo no digo que no sea posible, después de todo, algunas de tus películas favoritas están basadas en hecho reales.
–Como Masacre en Texas, Los extraños y Eden lake.
–¿Eden Lake?
–Si, la película que te puse hace unas semanas, la de la pareja a la que quería asesinar unos niños.
–Te refieres a la película francesa, ¿no? –dejó el periódico en la barra de la cocina– pero si mal no recuerdo se llamaba Ellos.
–No, la temática es parecida, pero de la que te hablo es británica, y todo se desarrolla en como dice el título en un lago. En la película que dices Ils a la pareja la acosan en su casa.
–¡Oh! Ya me acuerdo… –Jessica sonrió– Ambas películas son muy buenas. –se inclinó sobre la barra al notar que Ezra buscaba algo en su alacena– Cambiando de tema, ¿qué tal la visita al ginecólogo?
–Todo excelente, salvo por un horrible detalle. –comentó la directora mientras leía la fecha de caducidad un paquete de galletas saladas.
–¿Cuál?
–Tatum y Nancy. –dejo las galletas en la barra y camino al refrigerador –Nos las topamos en la acera cuando íbamos saliendo del consultorio.
–¿En serio?
–Si, se presentaron solas con Dominique. –Ezra vio cómo su amiga arqueaba la ceja– Casi nos peleamos de no ser por tu querida alumna.
–¿Ah sí? ¿Que hizo mi Kirby?
La directora sonrió ampliamente al recordar la cara de la pareja –Les aclaro que era la madre de mi hijo.
Jessica abrió la boca sorprendida y luego sonrió también– Debo darle puntos extra en mi materia. –comento.
–Es una chica muy linda. –comentó Ezra sin pensar.
–¿Qué acabas de decir? –pregunto su amiga haciendo que se diera cuenta de su error.
–Q-que es muy amable.
–Claro, ahora le cambias. –se levantó del banquito y rodeo la barra para quedar a un lado de su amiga– Laurie… –pronuncio haciendo que su amiga abriera los ojos por la sorpresa, era raro que su Jess la complaciera no hablándole por su primer nombre– ¿Te interesa?
–Por supuesto, es la madre de…
–¡Laurie! –interrumpió Jessica– ¿En serio te interesa?
Ezra puso ambas manos en su rostro –No estoy segura. –se escuchaba frustrada– Ya sé que ya no soy una niña o una adolescente como para no saber qué es lo que me pasa. Pero realmente no lo sé, Jess. –se descubrió la cara y dejo caer sus brazos a los costados –En este momento solo puedo asegurarte que me gusta, pero es normal, físicamente es bonita y te pueden gustar muchas personas. Si me preocupa es porque va a tener a mi bebé. –Jessica vio el rostro preocupado de su amiga y dejo que continuara hablando– Sé que no me puedo enamorar de ella, así que no te preocupes.
–No sé si Kirby sea heterosexual, tiene mentalidad abierta obviamente. Creo que no tendrías tanto problema en caso de querer algo con ella, al menos en ese aspecto. –Jess abrazo a su amiga– El verdadero problema es que Dominique no quiere tener nada que ver con su bebé luego de que nazca.
–Lo se… –Ezra se separó de ella y suspiro– No te preocupes. Como te dije, solo me gusta.
–Pero eso es por ahora y la conociste el mes pasado.
–Lilibeth también me empezó a gustar enseguida. –ya comenzaba a tranquilizarse poco a poco– Aun me gusta, pero no creo que podamos ser algo más que amigas.
–Eso me recuerda que Dexter estaba muy emocionado cuando conociste a Lilibeth y la verdad es que yo también. No termino como esperábamos, ya que decidieron que no funcionaban como pareja, pero al menos te ayudo a ya no pensar en Nancy.
–Por eso es que estoy tan agradecida con Lili. –hizo una pausa recordando que tenía varios días sin hablar con su amiga escritora– Lo que me recuerda que debo ir a verla… –saco su celular y noto que ya era algo tarde– Mañana.

Ezra estaciono su automóvil detrás de un Tsuru deportivo color plateado que sabía que era de Lucca. Era un vehículo difícil de no reconocer ya que tenía notas musicales negras pintadas a los costados, ningún otro automóvil en la ciudad tenía una decoración de ese tipo o al menos no que ella supiera. Estaba por bajarse del coche cuando vio a Lucca salir de casa de su hermana empujando una silla de ruedas sobre la que estaba una chica de piel pálida, cabello negro largo. Parecía ser una persona bastante frágil. Llegaron al vehículo de Lucca, abrió la puerta y cargo a la chica para acomodarla con delicadeza en el asiento del copiloto. Ezra salió de su auto y se dirigió hacia ellas con la intención de saludarlas. Lucca le ajusto el cinturón de seguridad, la chica acaricio su mejilla y le dio un beso rápido en los labios. La escena le había parecido tan tierna que le sintió que interrumpir no sería buena idea.
–Ezra. –dijo Lucca a modo de saludo cuando se dio cuenta de la presencia de la directora– Que bueno que vienes, Lili está en un lapsus depresivo. –cerró la puerta de su automóvil con suavidad mientras le sonreía a la que –a Ezra le pareció– era su novia.
–Eso es algo poco común en ella. –comento la directora mientras observaba como Lucca compactaba la silla de ruedas para acto seguido meterla en el asiento trasero.
–Disculpa tengo prisa, solo venía a ver que mi hermana siguiera con vida.
–No te preocupes.
Lucca le sonrió a la amiga de su hermana antes ingresar a su auto y retirarse.

La puerta estaba abierta por lo que Ezra no dudo en entrar, al hacerlo busco a su amiga con la mirada pero no estaba a la vista. Cerro la puerta y camino hacia el estudio de su Lili, la puerta estaba abierta y tampoco estaba ahí. Suspiro pesadamente y toco la puerta de la que sabía era el dormitorio. Pasaron varios segundos antes de que abriera la puerta, la escritora se veía cansada y con ojeras por la falta de sueño. Tenía su cabello amarrado en un coleta baja de lado, su fleco desordenado casi le cubría lo ojos por completo, vestía una playera sencilla color negro con un estampado en el centro que decía “I see dead people” con letras blancas, traía un pantalón de chándal color blanco que le llegaba por debajo de las rodillas y estaba descalza.
–Te ves fatal. –le informó Ezra.
–Gracias Laurie. –dijo con una forzada sonrisa– Tan linda y amable como siempre.
–Me encontré a Lucca cuando llegue.
–Sí, vino con su novia a llenar mi refrigerador y despensero de alimento.
–Y para asegurarse de que aún tenia hermana. –comentó Ezra.
–Eso también, aunque es exagerado. –dio un paso al frente y cerró la puerta de su habitación detrás de ella– Quizás no me siento muy bien anímicamente, pero eso no significa que me vaya a descuidar. ¿Cuándo he hecho algo así?
–Hace como un mes y medio estabas en el hospital. –le recordó la directora a su amiga– Y creo que la causa fue precisamente esa.
–Laurie, prometo alimentarme bien. –Lili camino por el pasillo rumbo a la cocina– Así que no te preocupes.
–¿Y dormirás?  –siguió a la escritora. La única respuesta de eso fue una confusa sonrisa, tendría que confiar en ella– ¿Qué tal vas con la novela?
–Muy bien, ya casi acabo. –comentó como si nada mientras revisaba lo que la novia de Lucca había dejado preparado sobre la estufa la cual aún se sentía caliente– No quiero tener más problemas con Yun, ¿puedes creer que aún no me habla?
–¿Cómo puede no hablarte? –preguntó Ezra confundida– Es tu editora, necesitan estar en comunicación constante.
–Bueno, se comunica pero solo me llama al celular para decirme que me mando un correo y es totalmente formal con indicaciones del trabajo. –Lili suspiro mientras observaba el interior de una cazuela– Odio esto…
Ezra se puso a su lado– Creía que te gustaba el caldo de res.
–No me refiero a eso. –tapo la comida y se giró para ver a la directora.
–Lo sé, creo que te pasaste, Lilibeth.
–No creí que lo tomara tan mal. –la escritora aparto su fleco con un movimiento de su mano mientras recordaba como el día de la proyección del corto había salido detrás de su editora para disculparse, pero al hacerlo la única reacción que había tenido de ella fue una fría y falsa sonrisa que nunca había visto en su rostro antes. Fue ahí que se dio cuenta de que no se salvaría como en otras ocasiones. Había fastidiado a aquella increíble mujer hasta el punto de hartarla y decidir mandarla al carajo. Se lo tendría merecido si no podía recuperar la relación “amistosa” que tenían. –¿Crees que me odie?
–¿En serio me acabas de hacer esa tonta pregunta? –cuestionó la directora.
Lili salió de la cocina ignorando el comentario de su amiga y camino hacia su estudio con Ezra detrás de ella– Voy a terminar esta novela y mientras Yun la checa adelantare el próximo volumen de Metus. –al parecer había decidido que lo mejor era cambiar de tema –He anotado suficientes ideas en mis libretas para varios relatos y después le daré  a Yunuen unas largas vacaciones de mí. –se sentó en la silla giratoria frente a su escritorio.
–Creo que estas siendo dramática.
–Quizás, pero creo que será algo bueno para la salud mental de mi editora.

Ezra cambio la página del libro que estaba leyendo. Estaba tumbada en el sofá intentado buscar inspiración en los libros de sangre de Clive Barker, en sus manos estaba el primer volumen y en el piso estaban el segundo, tercero y cuarto en espera de que terminara el que tenía su total atención en ese momento. Su plan era leer por lo menos esos aquel día. Un escalofrió le recorrió la espalda en cierta parte del cuento “El tren nocturno de la carne” haciendo que apartara la mirada y tomara un trago de una lata de Coca-Cola que había sacado minutos atrás de su refrigerador. Llovía y hacía frio por lo que aquella lata conservaba casi la misma temperatura que cuando había sido abierta y puesta en el piso. Ezra soltó un pesado suspiro mientras veía una libreta abierta con la frase “primer acto” escrita en el margen superior y al centro. Su mente estaba en blanco, tenía las ideas flotando desordenadamente en su cabeza, sabía que quería, pero no tenía idea de cómo ordenar la historia que deseaba contar.
Creyó que quizás leer algo de su género le ayudaría a encontrar el camino. Dejo la Coca-Cola  en el piso e intento retomar la lectura pero a la vez no queriendo hacerlo, presentía que seguir con aquello terminaría bloqueándola. Clive Barker era de su género, pero no de su estilo. Aquel escritor era sinónimo de sexo y gore, dos cosas que Ezra no consideraba indispensables para el género y menos para su estilo. Ella era más de terror psicológico, por eso le encantaba “Misery” –y amaba a Stephen King– por eso también disfrutaba Poe, Katzenbach, y Giorgio Faletti –aunque este último se dedicaba más al thriller psicológico– dejando de lado la literatura estaba Hitchcock, ¿y qué decir sobre sus películas?  A pesar de sus finales, eran definitivamente sus favoritas del cine clásico.
Se puso de pie, cerró el libro y lo puso junto a los demás en el piso. Observo una vez más sus volúmenes de cuentos de Barker. Era un buen escritor, comprendía el motivo por el que tenía tantos fans, sus ideas eran bastante ingeniosas, pero no llegaba entrar en su lista personal de autores favoritos.
Se estiro intentando desentumir sus músculos, llevaba un buen rato acostada, por lo que sentía su cuerpo pesado. Buscó su celular en la bolsa del pantalón de mezclilla que traía puesto. Desbloqueo la pantalla, luego de ver qué pasaba del medio día y busco el número de su amiga escritora, estaba segura que ella podía recomendarle algo que leer para inspirarse. El teléfono se fue directamente a buzón, por alguna razón aquello le preocupó, optó por marcar al número de su casa. Sonó hasta que entro al contestador, corto sin dejar mensaje. Puso su celular contra sus labios, era un gesto que hacía con frecuencia cuando se ponía a pensar, ponían lo que tuviera en sus manos contra los labios, en caso de no tener nada solía morderse el pulgar. Recordó cómo se veía su amiga el día anterior y creyó que lo mejor sería ir a ver como se encontraba.


Ezra estuvo tocando la puerta un rato, pero su amiga no apareció. Sin saber qué hacer y con el previo conocimiento de que Lili no salía de casa cuando estaba trabajando en alguna novela intento girar la perilla de la puerta, para su sorpresa esta abrió. Entró a la casa, todo estaba a oscuras. No se sorprendió, a veces la escritora solo tenía con luz el área de la casa donde estuviera. Encendió las luces. Buscó a su amiga rápidamente con la mirada como días atrás había hecho y se fue de largo al pasillo que conectaba con el resto de las habitaciones de la casa. Sintió un micro infarto al ver a su amiga en el piso, al parecer se había desplomado intentando entrar a su estudio. Corrió hacia ella y antes de moverla procedió a tomarle el pulso tal como había aprendido en un curso de primeros auxilios, que tomó un par de años atrás. Al principio por el pánico no había logrado detectarlo, pero cuando logro normalizar los latidos de su corazón, lo sintió, era débil pero ahí estaba. No parecía tener ninguna lesión salvo por un golpe en la cabeza, lo más prudente era no moverla, tomó su celular y llamo a una ambulancia… 

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